Espacio editorial virtual

Áreas de conocimiento

2025 - Volumen 2 Abril - Junio

La tragedia del Titanic como símil en nuestro entorno

Entre la noche del 14 y la madrugada del 15 de abril de 1912, se hundió el Titanic. He estado leyendo sobre este suceso y, aprovechando que estamos en abril, he decidido abrir este trimestre del “Espacio Editorial Virtual” con el tema de la humanización en el servicio de radiodiagnóstico. Para ilustrarlo, utilizaré como símil la tragedia del Titanic: un barco que se consideraba insumergible, pero que terminó en el fondo del Atlántico debido a una serie de errores que, con la perspectiva actual, parecen evitables. Situaciones similares pueden ocurrir en un servicio de radiodiagnóstico si no se toman las precauciones necesarias.

El Titanic fue una maravilla de la ingeniería naval del siglo XX. Contaba con la tecnología más avanzada de la época y con un equipo humano experimentado en navegación. Aun así, su hundimiento demostró que un exceso de confianza en la tecnología y en las propias capacidades puede desencadenar el desastre. Del mismo modo, la radiología ha revolucionado la medicina con herramientas como los rayos X, la tomografía computarizada y la resonancia magnética; sin embargo, una confianza ciega en los sistemas tecnológicos o en la inteligencia artificial, sin una supervisión cuidadosa, puede ocasionar diagnósticos erróneos o negligencias que comprometan la vida de los pacientes.

El capitán del Titanic, Edward Smith, estaba cerca de su jubilación y rebosaba confianza. Soñaba con batir un récord de velocidad en su último viaje, y tal vez ese afán le hizo perder la perspectiva de lo realmente esencial, relegando las necesidades de la tripulación y los pasajeros. Cuando avistaron el iceberg, decidió girar el barco para esquivarlo, pero el choque lateral contra el hielo resultó fatal. Existe la posibilidad de que, de haber optado por un impacto frontal, el desenlace no hubiera sido tan trágico. Aquella fue una decisión unilateral, no consultada con su equipo, lo que deja abierta la pregunta: ¿se debió a falta de humildad, desconfianza en sus compañeros o simplemente a la urgencia del momento?

Antes de zarpar, ya había surgido un problema: se declaró un incendio en la cámara número 6, cerca de la zona donde luego se produjo el impacto. Desconocemos si este incidente, sumado al sistema de remaches, al frío que fragilizó el acero y a otros fallos de diseño, contribuyó al resultado final. Lo que sí está claro es que errores de cálculo, exceso de confianza y descuidos humanos se alinearon fatalmente.

Un detalle revelador es la respuesta de la tripulación durante la crisis: aunque cada uno cumplió las órdenes recibidas, las distintas secciones del barco no comprendían por qué los demás actuaban de una u otra forma y pensaban que la gravedad de la situación no se asumía con la seriedad debida. ¿Cuántas veces nos ha sucedido algo parecido? En circunstancias críticas, a menudo dudamos de nuestros compañeros o de nosotros mismos al salir de nuestra zona de confort.

En un servicio de radiodiagnóstico, la dirección médica, los jefes de servicio y los jefes de sección toman decisiones de gran trascendencia: la compra de nuevos equipos, la gestión del personal o la organización del flujo de trabajo. Un paso en falso puede afectar la planificación de citas, la calidad de los diagnósticos, las condiciones laborales y por ende, la salud de los trabajadores y pacientes. De igual modo que las decisiones del capitán Smith sellaron el destino del barco, las de la dirección en radiodiagnóstico pueden tener consecuencias determinantes. Mientras, en las lujosas salas del Titanic se debatía la seguridad, en las profundidades de la nave los fogoneros y maquinistas trabajaban en condiciones extremas, sin información clara del rumbo ni del peligro real, pero sosteniendo el funcionamiento del barco hasta el último momento. Algo parecido puede ocurrir en radiología: los radiólogos interpretan las imágenes, los técnicos las obtienen y los administrativos gestionan las citas. ¿Qué pasaría si contáramos con una estructura más horizontal y colaborativa? Tal vez, involucrar a todos los profesionales en la toma de decisiones —médicas y administrativas—, y escuchar sus aportaciones de forma ordenada y sistemática, mejoraría la comunicación y ayudaría a tomar decisiones más precisas.

Otro paralelismo evidente son los factores humanos. En el Titanic se ignoraron advertencias de icebergs emitidas el día anterior. La radio estaba averiada y su operador, sobrecargado con 250 mensajes, dio poca importancia a las alertas. Del mismo modo, en radiodiagnóstico puede ocurrir que los profesionales, sobrepasados por el volumen de trabajo o con una excesiva confianza en la automatización, pasen por alto datos relevantes en la imagen o no den la atención debida a una recomendación. Cuando las señales de alarma se ignoran, las consecuencias pueden resultar fatales. Un ejemplo es el del California, un barco que estaba a solo 30 kilómetros de distancia, observó los fuegos (blancos) del Titanic y los confundió con señales festivas, por lo que no acudió a socorrerlo.

El Titanic es famoso también por la escasez de botes salvavidas: solo llevaba 20 cuando se estimaba que necesitaba 64. Técnicamente no incumplía la ley —incluso la superaba—, pero la estética y la supuesta invulnerabilidad del buque pesaron más que la seguridad. Además, varios botes zarpaban con menos de la mitad de su capacidad, y quienes estaban en primera clase tuvieron prioridad. En radiología también vemos contrastes: a veces se cuenta con aparatos de última generación en determinadas áreas, mientras que otras disponen de equipos anticuados o faltan estaciones de trabajo para procesar las imágenes. Estos desequilibrios acaban afectando la eficacia y la seguridad.

No todo fue nefasto en aquel buque: los músicos tocaron hasta el último momento intentando infundir calma. En radiodiagnóstico, a pesar de la gran presión y de las limitaciones, auxiliares, enfermeros, técnicos y radiólogos siguen trabajando con compromiso silencioso, conscientes de que cada imagen puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Al igual que la música del Titanic, su dedicación busca traer algo de serenidad y esperanza en medio de la incertidumbre.

El hundimiento del Titanic podría haberse evitado con más prudencia, al igual que los errores en radiodiagnóstico pueden minimizarse con protocolos claros, recursos adecuados y una comunicación efectiva. Se estima que el casco del buque se desintegrará por completo en los próximos 25 a 50 años debido a la corrosión marina. Confiemos en que nuestra especialidad no corra la misma suerte, devorada por una tecnología que nosotros mismos impulsamos sin control.

 

Conclusión: Como si de un artículo se tratara...

La historia del Titanic nos enseña que la tecnología, por avanzada que sea, no basta por sí sola. Se requiere supervisión humana, preparación continua y humildad para reconocer fallos o carencias y comentarlos con el resto del equipo. Cada diagnóstico en radiodiagnóstico requiere la máxima rigurosidad y respeto, pues en él va implícita la vida de las personas. Como en el transatlántico, vemos envidia de los que quisieran formar parte de la “tripulación privilegiada”, valentía y sacrificio de quienes siguen trabajando pese a todo, o resignación de quienes asumen la situación sin intentar cambiarla. Este relato nos anima a reflexionar y a mantenernos alerta, ya sea como protagonistas o como espectadores, para contribuir a un servicio de radiodiagnóstico mejor y, en definitiva, a una medicina más humana.

 

Quería aprovechar para dar las gracias, antes de dar paso a la Reflexión del Dr. Macía Suárez, a mi compañero Jesús Vivancos, por leerse mi carta de presentación, ayudarme a resumirla y mejorarla.

 

Espero que disfrutéis de la reflexión de David sobre la investigación científica enfocada de una manera original. No te la pierdas!

 

 

M. Luisa Nieto Morales.

Editora Jefe del Espacio Editorial Virtual.

Fraseología de la ciencia.

 

Me vais a permitir una frikada un poco millenial para empezar. Cuando en el décimo capítulo de la tercera temporada de “Buffy, cazavampiros” la cazadora está intentando evitar que su atormentado exnovio (un vampiro con alma irónicamente llamado Ángel) se deje “fosfatinar” por los rayos del sol hace una arenga sobre lo duro que puede resultar ser fuerte:

 

“Strong is fighting. It's hard, and it's painful, and it's every day. It's what we have to do. And we can do it together.”

 

Estas simples cuatro frases contienen la esencia de lo que encierra el mundo de la investigación científica básica. Es una lucha constante contra la falta de medios, de reconocimiento, de apoyo. Es duro revisar (o hacerlo bien, al menos) un artículo, como lo es que te rechace un artículo gente, a veces, menos preparada que los propios autores, y con argumentos muchas veces subjetivos o poco claros. Es doloroso todo ello: editar un artículo, revisarlo, publicarlo... y es una lucha diaria. Pero es lo que debemos hacer. Y, en este mundo en que el individualismo parece ocupar un papel tan preponderante, podemos hacerlo juntos.

 

Pero… ¿Qué es investigar?1-4 Decía Margarita Salas que un país sin investigación es un país sin desarrollo5. Hagámoslo más práctico; a mis residentes siempre les planteo la misma cuestión: ¿Qué hacemos cuando vemos algo de lo que no tenemos ni idea?6 Acudir al que sepa. Y, si bien en la era del Whatsapp los contactos están a un nanosegundo en el metaverso, todos tenemos igualmente accesibles los motores de búsqueda bibliográfica, que nos conectan con los artículos que con tanto mimo otros dejaron ahí para nosotros7. Y esa es la razón por la cual, cuando tenemos algo de lo que nosotros sabemos, deberíamos dejar constancia para aquellos que vengan detrás8,9.

 

No seamos ingenuos. No vivimos en un mundo altruista. Nadie lo es del todo. Pero, aunque solo sea porque forma parte del currículum de la especialidad, todo el mundo debería hacer algún trabajo científico10. Entre otros motivos, porque solo aquel que haya hecho algo de investigación puede comprender la calidad (o la ausencia de ella) en una publicación8. Y este espíritu crítico en la época en que el “cuñadismo” de las IA bombardea la web, es una poderosa herramienta a proteger. A diario vemos los resultados lamentables a los que puede conducir la “ilusión del conocimiento” de la que hablaba Steve Hawking11. Se trata, básicamente, del efecto Dunning-Kruger, que no tiene relación con “Pesadilla en Elm Street”, sino que se resume en que, al empezar a conocer una técnica, el conocimiento autopercibido crece exponencialmente hasta que el aprendiz comprende cuán amplia es su ignorancia, para nunca más alcanzar el mismo grado de confianza como el que tenía cuando, en realidad, no tenía ni idea de casi nada12,13 (Figura 1).

d

 

Figura 1. Efecto Dunning-Kruger

 

Muchos son los puntos peliagudos que rodean el mundo de las publicaciones científicas. Desde la dificultad para encontrar revisores para un trabajo (no hablemos ya de la acreditación de éstos) a la falta de bidireccionalidad de los comentarios (todos nos hemos encontrado con alguna revisión bastante sui generis), que otorga a los revisores un poder en ocasiones mal ejercido. O la ausencia de pago para quienes no dejan de ser creadores de contenido: revisores, equipo editorial y, por supuesto, los propios autores (hay incluso revistas, de dudosa ética, que cobran por publicar en ellas); como todos sabemos en el capitalismo la vocación de servicio público sirve también para pagar la hipoteca (léase con tono irónico). Por no hablar de los niveles de evidencia, algo que también merecería una reflexión; en el mundo de la radiología, un trabajo de calidad realizado en máquinas de hace cuatro décadas seguiría siendo considerado de calidad si nadie lo ha vuelto a estudiar, pese a que dados los avances tecnológicos sus resultados puedan ser completamente obsoletos14.

 

Hay quien piensa que la única razón para publicar es alimentar el ego. Otros opinan que solo la gente de la universidad se mete en estos líos. Puede que todos los autores, editores, revisores… tengan (tengamos) cierto vacío existencial. O puede que no. Pero si hay algo claro es que la ciencia avanza así. Planteando dudas15. Confirmando resultados16. Descartando explicaciones17,18. Demostrando ideas19. Y tenemos que hacerlo porque debemos, pero también (o, sobre todo) porque podemos20. Porque no cualquiera es capaz de reunir la paciencia necesaria para estar trabajando durante meses con cifras intentando escudriñar qué puede estar detrás de ellas. O leyendo artículos sobre un mismo tema. O plantearse si lo que hacemos tiene sentido21. Igual que no todo el mundo es bueno presentando una ponencia, explicándole cosas a un residente (no hablemos ya de la docencia universitaria), o no todos los alumnos son capaces de estudiar una patología que les aburre soberanamente. Y querría especialmente hacer hincapié, retomando la publicación científica, en los trabajos originales y en las revisiones sistemáticas, que son aquellos artículos más exigentes porque, todo lo demás, se puede resumir en “la opinión de alguien”22. Y las opiniones, sin el apoyo de la investigación, pueden servir solo para afianzar ideas erróneas23, o llevarnos a peligrosas “verdades sagradas”24. Más aún en nuestros días, con tal bombardeo de información25,26. “La verdad duele, pero la mentira mata”, que diría Buffy.

 

Así pues, os animo a todos a publicar. A leer críticamente. A revisar. A editar. A participar. A preguntaros cosas. A indagar. A ir a congresos27. Y a no darlo por imposible28. Porque vale la pena29. Y porque, como también afirmaba Buffy, “la verdadera valentía es levantarse cada vez que caes”. Seamos valientes.

 

Nota del autor: Debido a la falta de sistematización y a las diferentes perspectivas metodológicas de la fraseología (María Isabel Santamaría Pérez dixit), se ha decidido incorporar la frase en sí en las referencias, aún a riesgo de errores en la autoría. Porque, a veces, importa más qué nos dicen, que quién nos lo dice.

 

Referencias fraseológicas:

 

1.- “Si supiéramos lo que estábamos haciendo, no se llamaría investigación, ¿verdad?”. Albert Einstein.

2.- “La investigación básica es lo que hago cuando no sé lo que estoy haciendo”. Wernher von Braun.

3.- “Investigar es ver lo que todo el mundo ya ha visto y pensar lo que nadie ha pensado todavía”. Albert Szent-Györgyi.

4.- “Una investigación básica de calidad es fundamental para un posterior desarrollo, porque de ella saldrán resultados no previsibles a priori”. Margarita Salas (atribuída a Severo Ochoa).

5.- “Un país sin investigación es un país sin desarrollo”. Margarita Salas. (que también atribuye a Severo Ochoa).

6.- “La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y ser ignorante”. Miguel de Unamuno.

7.- “Se ha discutido mucho sobre cuál es la misión de la Universidad. Para mí significa básicamente la misma que, con su gran clarividencia y característica brillantez, definió Ortega hace ya más de 50 años. Puede resumirse en pocas palabras: la de difundir y crear cultura. De ese mismo modo la vio Cajal”. Severo Ochoa.

8.- “No se enseña bien sino lo que se hace, y quien no investiga, no enseña a investigar”. Santiago Ramón y Cajal.

9.- “No hay enseñanza sin investigación, ni investigación sin enseñanza”. Paulo Freire.

10.- “En principio la investigación necesita más cabezas que medios”. Severo Ochoa.

11.- “El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento”. Stephen Hawking.

12.- “La ciencia sirve para darnos una idea de cuán vasta es nuestra ignorancia”. Robert de Lanennais.

13.- “La ciencia es orgullosa por lo mucho que ha aprendido, la sabiduría es humilde porque no sabe más”. William Cowper.

14.- “La ciencia se corrompe con facilidad si dejamos que se estanque”. Edmund Burke.

15.- “Lo que más amo de la ciencia es que, a medida que aprendes, realmente no obtienes respuestas, solo tienes mejores preguntas”. John Green.

16.- “Con números se puede demostrar cualquier cosa”. Thomas Carlyle.

17.- “La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades”. Sócrates.

18.- “las matemáticas no mienten, lo que hay son muchos matemáticos mentirosos”. Henry David Thoeau.

19.- “Hay una gran desconexión entre lo que se ha demostrado científicamente y lo que la gran mayoría de la gente cree”. Lynn Margulis.

20.- “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de forma errónea es mejor que no pensar”. Hypatia de Alejandría.

21.- “La ciencia es la aceptación de aquello que funciona y el rechazo de aquello que no. Para eso se necesita más coraje que lo que uno piensa”. Jacob Bronowski.

22.- “En cuestiones de ciencia, la autoridad de miles no vale más que el humilde razonamiento de un único individuo”. Galileo Galilei.

23.- “La ciencia es el padre del conocimiento, pero las opiniones son las que engendran la ignorancia”. Hipócrates.

24.- “En la ciencia la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas”. Carl Sagan.

25.- “El aspecto más triste de la vida en este momento es que la ciencia recopila conocimiento más rápido de lo que la sociedad adquiere sabiduría”. Isaac Asimov.

26.- “Cada día sabemos más y entendemos menos”. Albert Einstein.

27.- “En estos momentos, cuando la literatura científica ha crecido tanto que es imposible mantenerse al día del progreso, incluso en su propio campo, los seminarios, conferencias y otro tipo de reuniones son esenciales para estar informado”. Severo Ochoa.

28.- “Me enseñaron que el camino del progreso no era ni rápido, ni fácil”. Marie Curie.

29.- “La ciencia siempre vale la pena, porque sus conocimientos, tarde o temprano, siempre se aplican”. Severo Ochoa.

 

Dr. Macía Suárez

 

 

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